AMOR Y OTROS PECADOS

Ficha artística: Producciones Impar – Producciones Come y Calla. Obra: Amor y otros pecados Autores: Alexis Valdés, Antonio Muñoz de Mesa, Javier Cansado, Juan Cavestany, Yolanda Gª Serrano, Javier Veiga. Reparto: Javier Veiga, Ana Rayo, Daniel Cívico. Iluminación: Rafael Echeverz. Escenografía: Ricardo S. Cuerda. Música: Mariano Martín. Vestuario: Miguel Crespi. Dirección: Javier Veiga. Lugar: Patio Porticado de San Luís Gonzaga de El Puerto. Aforo: Lleno.
PECADORES DE LA PRADERA
En alguna ocasión ha dicho Gonzalo Escarpa que el único pecado posible consiste en denominar 'pecado' a las deliciosas posibilidades que nos brindan la mente y el cuerpo en feliz compañía. Si el teatro nacional o el arte de las galerías fueran como los restoranes, otro gallo cantara. Tal vez el pecado natural sería la lujuria, que no la envidia. O la soberbia, casi exclusivo de la gente del teatro. Pero si vivimos en la futura federación ibérica de Saramago, estamos condenados: nuestro pecado favorito peninsular es la gula, sobre todo a ciertas edades. Le guste o no le guste al seductor garrapatero Javier Veiga.
Un típico escenario de verano, sencillo y funcional sirve para dar el juego perfecto a esta pareja de pecadores de la pradera. La sucesión de skets dispuestos a la mayor gloria del versátil Veiga, con la réplica de una histriónica Ana Rayo y el complemento del músico/actor Daniel Cívico, recorren fugazmente las interioridades impenitentes más jocosas de parejas tan dispares como Franco y la Pasionaria, o Cleopatra y Julio César.
Los seis cambios de escenario y otros tantos de vestuario ayudaron a los actores a meterse en la piel de los diferentes personajes, que contaron con la aportación inestimable entre escena y escena de proyecciones fílmicas frontales que contribuyeron a introducir los distintos gags cómicos. Así Adán y Eva descubren la ira, Sansón y Dalila la avaricia, Jesús y Magdalena la soberbia, Cleopatra y Julio César la pereza, Napoleón y Josefina la envidia, y Franco y La Pasionaria la lujuria.
Veiga y Rayo, que han alcanzado popularidad con su paso por programas y series de televisión como 'El Club de la Comedia' o 'Javier ya no vive solo', aprovechan ese tirón mediático y consiguen poner el cartel de no hay billetes en la tercera entrega del Festival de Teatro de Comedias.
Entre albóndigas y tetas, el variopinto público que suele asistir un año tras otro con puntualidad cuartelera a estas representaciones, junto con la señora de risa fácil y repetitiva que siempre te toca en la butaca de al lado, aprendieron la noche del viernes que el pecado original no es otro que el amor. Javier Veiga dixit.
PECADORES DE LA PRADERA
En alguna ocasión ha dicho Gonzalo Escarpa que el único pecado posible consiste en denominar 'pecado' a las deliciosas posibilidades que nos brindan la mente y el cuerpo en feliz compañía. Si el teatro nacional o el arte de las galerías fueran como los restoranes, otro gallo cantara. Tal vez el pecado natural sería la lujuria, que no la envidia. O la soberbia, casi exclusivo de la gente del teatro. Pero si vivimos en la futura federación ibérica de Saramago, estamos condenados: nuestro pecado favorito peninsular es la gula, sobre todo a ciertas edades. Le guste o no le guste al seductor garrapatero Javier Veiga.
Un típico escenario de verano, sencillo y funcional sirve para dar el juego perfecto a esta pareja de pecadores de la pradera. La sucesión de skets dispuestos a la mayor gloria del versátil Veiga, con la réplica de una histriónica Ana Rayo y el complemento del músico/actor Daniel Cívico, recorren fugazmente las interioridades impenitentes más jocosas de parejas tan dispares como Franco y la Pasionaria, o Cleopatra y Julio César.
Los seis cambios de escenario y otros tantos de vestuario ayudaron a los actores a meterse en la piel de los diferentes personajes, que contaron con la aportación inestimable entre escena y escena de proyecciones fílmicas frontales que contribuyeron a introducir los distintos gags cómicos. Así Adán y Eva descubren la ira, Sansón y Dalila la avaricia, Jesús y Magdalena la soberbia, Cleopatra y Julio César la pereza, Napoleón y Josefina la envidia, y Franco y La Pasionaria la lujuria.
Veiga y Rayo, que han alcanzado popularidad con su paso por programas y series de televisión como 'El Club de la Comedia' o 'Javier ya no vive solo', aprovechan ese tirón mediático y consiguen poner el cartel de no hay billetes en la tercera entrega del Festival de Teatro de Comedias.
Entre albóndigas y tetas, el variopinto público que suele asistir un año tras otro con puntualidad cuartelera a estas representaciones, junto con la señora de risa fácil y repetitiva que siempre te toca en la butaca de al lado, aprendieron la noche del viernes que el pecado original no es otro que el amor. Javier Veiga dixit.
Manolo Morillo - manolomorillo@hotmail.com
Crítica teatral - Festival de Teatro de Comedias de El Puerto -
Páginas de Cultura
Diario de Cádiz
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